¡A mí, que vivo en este siglo XIX, el siglo del vapor, del teléfono eléctrico y de la imprenta! ¡Esa palanca!...  de las libertades públicas y particulares, en este siglo del progreso.  ¡Esa corriente!... en este siglo en que la ilustración nos ha emancipado de todo el fanatismo de la antigüedad.

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EL siglo XIX ha dicho:"No quiero conventos Ni seminarios, sino tratados de comercio. No quiero ermitaños, sino grandes economistas. No quiero sermones, sino ferrocarriles de vías estrecha. No quiero santos padres, sino abonos químicos.


( Nazarín,  Benito Pérez Galdós, 1895)


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